Hace años vi una película que me
dejó sensaciones maravillosas. Anoche volví a verla, y esas sensaciones que
creí que no volverían a invadirme, porque todos sabemos que la segunda vuelta
por un libro o una película no nos impacta tanto, me inundaron el alma y
acunaron mi sueño.
Me refiero a Tomates verdes fritos,
protagonizada por actrices de la talla de Jessica Tandy, Kathy Bates y
Mary-Louse Parker.
Es una historia que podría ser la de
cualquiera de nosotras, una historia sobre el amor y la amistad.
Más o menos la trama es la
siguiente. Evelyn, una mujer que ronda los cincuenta años, vive un matrimonio
desgastado por la rutina y la indiferencia. El nido vacío ante el vuelo del
hijo, la llegada de la menopausia con sus cambios hormonales, el cuerpo que
engorda y el marido que sólo ve en ella a una excelente cocinera y que vive
para ver todo tipo de deportes en la televisión, ignorándola de una manera que
llega a ser lapidaria.
Evelyn lo intenta todo y concurre a
charlas para mujeres que, como ella, sienten que su matrimonio se va a pique.
Allí le dan consejos para reavivar una pasión que se extinguió hace tiempo,
consejos que la llevan a acciones que su marido juzga ridículas y hasta el
punto de la locura.
Un día Evelyn llega a un geriátrico,
donde conoce a Ninny, una anciana de 83 años, divertida y directa, que comienza
a contarle la historia de dos amigas: Idgie y Ruth.
Evelyn concurre todas las semanas a
visitar a esta nueva amiga, fascinada por esa historia de 60 años atrás, en una
Alabama signada por la discriminación a los negros y los convencionalismos.
Ninny narra la vida de esas dos
amigas entrañables, amistad que nace a partir de una muerte muy sentida para
ambas por diferentes motivos. Y es gracias a la historia de Idgie y Ruth que
Evelyn logra verse y reconocerse a sí misma. Y decide cambiar.
Al grito de “Towanda”, el nombre de
guerra de Idgie, Evelyn toma las riendas de una nueva vida: adelgaza y empieza
a trabajar, logrando pequeños cambios en su matrimonio.
Por otro lado la historia de Idgie y
Ruth nos llena el alma. Narra una amistad incondicional que perdura a través
del tiempo y las distancias. Esas amistades que todas quisiéramos vivir, y que
algunas, como yo, tenemos la dicha de poder disfrutar a diario.
Película para emocionarse, llorar,
reír y reflexionar.
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