domingo, 13 de noviembre de 2011

DIA 31

Día 31, ella lloró por primera vez en el momento de la pequeña muerte. Extraña comunión jamás sentida y siempre añorada.
Él tiene una sonrisa de niño que deja ver cada vez más seguido, mezcla de timidez con dejo de inocencia. Ella obtuvo una foto de esa sonrisa, mal encuadrada, torcida y de lejos. Más no importa, sabrá acomodarla para lograr un primer plano perfecto para sus momentos de angustia impar, cuando la ansiedad le talle las sienes y le perle los ojos, sin motivo y sin respiro.
Él le dio todos los gustos y la elevó a los cielos. Bebieron el vino en sus bocas y en sus cuerpos, se saciaron de él y arrasaron con la escasa cordura que les quedaba, dando paso a una locura racional y equilibrada, donde él ponía distancia cuando hacía falta y la acortaba cuando ella intentaba escaparse.
A él le gustaba hacerla reír, ya que ella lo hacía poco, siempre decía que no tenía sentido del humor, no sabía hacer bromas ni aceptarlas. Estaba siempre a la defensiva, secuelas de antiguas heridas, que ella afirmaba estaban cerradas, más de las cuales a veces brotaba una línea de sangre.
Él solía ser irónico, ácido, crítico, y ella a veces replegaba sus alas, no quería ser materia de análisis, demasiado la había estudiado él antes de bajar sus defensas y permitirle entrar a su mundo.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

COMPLEMENTOS


Acero y seda. ¿Cuál es cuál?
Él es fuerte, como un león, más detrás de su armadura de hierro se esconde la fragilidad de un alma herida. Transitando eternidades, escapando a la cárcel del tiempo él dejó de buscar. Si fuera un elemento sería el fuego volcánico contenido a punto de estallar. Sin embargo tiene también la libertad del viento en su espíritu, a veces huracanado, otras, brisa tibia que serena la existencia de ella.
Ella es suave, aparenta debilidad, más los golpes la tallaron a maza y humillación. A menudo se sintió insensible, fría y especuladora. Él vino para derretir sus muros de hielo, a rescatarla de la abulia del aturdimiento.
Él es complejo y lo profundo, ella es simple. Ella tiene miedo y lo dice, él tiene miedo y lo insinúa. Él es hermético para el mundo, a ella todos creen conocerla. Él se cansó de dormir con cuerpos vacíos, ella se cansó de buscar en los desiertos.
Hablan el mismo idioma, los ritos son importantes.
Ella le entregó su alma mucho antes de que él se diera cuenta, él la entregó a cuentagotas, temeroso al descubrir que derribaba sus defensas.
Se complementan, ya dejaron de buscar.
Se unieron en carne y lágrimas, se unieron en piel y sudor, en letras y palabras, en metáforas y libros.
Creen en lo mismo, eso que los une a pesar de las diferencias.

viernes, 14 de octubre de 2011

LAS SEMILLAS DE PACARA O TIMBO


Hoy somos semilla. Como el timbó, florecimos en primavera y de los frutos emanará la tinta con que escribimos a diario nuestra historia, esa que comenzamos sin darnos cuenta tiempo atrás. Los ejemplares solitarios suelen ser tortuosos, más cuando crecen en asociación tienden a poseer un fuste recto, como la palabra y los pensamientos que nos guían.
Código que sólo nosotros entendemos, mágica comunión de almas impares buscándose en el entramado de la selva que habitamos.
Dos semillas en forma de corazón, una presenta una pequeña herida en su costado, la otra parece intacta, más sólo parece. El viento del invierno las arrancó de la copa, arrastrándolas, meciéndolas, acercándolas, alejándolas caprichosamente, hasta que la primavera con su brisa angelical y sus lluvias impertinentes, las unió.
De crecimiento lento, puede tardar años en alcanzar el cielo, más, si lo logra, la copa es ancha y poderosa, capaz de abrigar a los más indefensos amantes.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Carta para un amigo

Ansiando el chispazo de la piel te negaste a sentirlo y vagaste por otros cuerpos y otras bocas, castigándote con el sabor amargo del vacío.
Creías que la felicidad no era para vos, cargaste sobre tu vida culpas por omisiones que tal vez, de haber sido acciones, nada hubieran cambiado. Tu ángel debía partir hacia otra misión que no estaba en la tierra. No te condenes a perpetuidad, hay un mundo fuera de tu dolor, un mundo de almas nobles, ese que vos te negás a frecuentar.
Dejame abrir la puerta de tu cárcel, tomame de la mano, robame otro beso y caminemos juntos.
No sé qué deparará la vida para nosotros, más... ¿por qué hundirte en el barro si el sol brilla sobre tu cabeza?
Podría quererte... ¿podrías quererme? Y si no podemos querernos, no importa, al menos dejame ayudarte a sentir, a vivir la vida plena.
Sacate la máscara, mostrale al mundo tu verdadero yo, como hiciste conmigo. Acá afuera se siente bien la vida, a veces duele, es cierto, pero el dolor es parte de vivir, y hay que aprender a llevarlo a cuestas, sin dejar que él nos lleve a nosotros.

Para P.

miércoles, 31 de agosto de 2011

TENGO

Todavía tengo tu perfume conmigo, tengo la suavidad de tu rostro recién afeitado sobre mi piel, tengo tus manos tibias entre las mías, tengo tu sonrisa de costado, tu mirada por momentos seria, por momentos pícara.
Tengo tu indecisión en el instante del último abrazo, en el suspiro del último beso, ése que dejaste en mi cuello, en mi ropa, en mi pelo, en mi mejilla, pero no en mi boca como ambos deseábamos y evitamos para protegernos, o para protegerme. Agradecí calladamente el gesto, pero … ¿Por qué no me besaste?
Volví a desnudar mi alma para vos, volví a dejar llorar mis ojos, fui débil otra vez.
Tus palabras… me dijiste que me querías, y yo siento que es así. Más no logro entender por qué, a pesar de todo, no podés estar conmigo.
Y las lágrimas perladas caen otra vez sobre el teclado negro.

sábado, 20 de agosto de 2011

VIDA IMPAR


Cada vez veía más lejos la posibilidad de enamorarse, no es que hubiera bajado los brazos, nunca se sabe cómo y de qué manera vendrá disfrazado el amor. Pero intuía que el amor ya no era para ella, la libertad primaba y no son compatibles el amor y la libertad.
El amor tiene mucho de egoísmo, de atadura, y eso ya no era para ella. Había soltado amarras hace tiempo, no quería replegar sus velas otra vez. Y sabía que pocos pies podrían seguir sus pasos, conseguir su ritmo, respetar sus tiempos. Y ella no tenía ganas de detenerse, quería seguir y seguir.
Lo había intentado, más los espejismos se hundían en la arena como las fuertes olas que lamen la orilla para desaparecer al instante.
Qué más daba, beso más, beso menos. En definitiva, los abrazos nunca eran genuinos, sólo una descarga del cuerpo, una necesidad primitiva, fisiológica, como comer o dormir. Ya no los sentía en el alma, no quería sentirlos.
Ya no se desvelaba por las noches, imaginando a ese hombre que había dibujado en sus sueños, inventando esa historia de amor incondicional que de niña escribía en su mente y que años más tarde bajarían al papel. Sólo eran historias que leerían mujeres como ella cuando todavía creía y a las que había que alentar.
Ya no perseguía aromas en el viento, ya no buscaba entre la muchedumbre su silueta, ni perseguía números, ni forzaba la vista tras los vidrios negros. Había desistido, aunque todavía pasaba por su casa y miraba hacia su puerta, una mirada de soslayo, urgente, disimulada para que ella misma no se enterara de su desliz. Sabía que ese camino estaba cerrado, inundado, bloqueado para ella.
La candidez, la inocencia, habían sucumbido ante la realidad. Ya de joven vislumbraba que andaría sola por la vida, intuía su futuro impar, no porque lo ansiara, ni porque se sintiera especial, sino porque se conocía. Sabía que no iba a conformarse, que siempre querría más y más, y que la soga tiene fin, como los días que mueren a diario en la noche, como el mar que muere en la orilla y los besos en la boca.

domingo, 7 de agosto de 2011

LABERINTO GRIS

Laberinto hoy gris como el plomo que se cierne sobre mi cabeza y me confunde y aplasta. El remedio que me diste y supo dulce, hoy es amargo, denso, inexplicablemente frío y distante. Los relojes se detuvieron en este instante que quisiera borrar de nuestra historia, imposible atrasarlos para regresar a los momentos de ternura, ésos con los que me conquistaste y ya no están.
Tus ojos ya no miran como antes y el dolor colma los míos de lágrimas de frustrada ilusión. Otra vez la misma historia. Sé adónde recurrir, sé dónde estará mi refugio final, ése al que no me decido a llegar pero que pienso en cada momento de indecisión, de miedo, de dudas, de bronca y de dolor. Perfume conocidos, manos cada vez más seguras, cuerpo acogedor.
Fuiste duro, inconmovible aún ante las perlas de un niño, no hay vuelta atrás con vos. No volverán a hacerme daño, tendré que ser yo la esquiva, otra vez.
Busco la salida y creo hallarla en cada recodo, más es otro espejismo que me marea por un rato para volver a perderme. Regreso a amores pasados, a añorar el sabor del vino en su boca, a esperar ese mensaje que jamás llegará, a pensar en esa voz de trueno que todavía resuena en mis sueños, a pasar por esa casa, por esa esquina verde que encierra tantas cosas inconclusas.
Atrapada en dudas, con ansias de libertad recién estrenada y vuelta a guardar en el arcón de los amores. Tantos años de soledad me impulsan al arrojo, más… no es suficiente, nunca es suficiente.
Siento que estás afuera, yo estoy fuera de mí, veo todo desde la altura, como una extraña, y vislumbro el final. Ese mismo y cíclico final de tantos comienzos esperanzados. Creés conocerme y ni siquiera podés ver detrás de mis besos, no podés asimilar que te me vas perdiendo, que me voy perdiendo, como tantas otras veces.
Ya no sé si lloro por sentimiento o por costumbre, como una necesidad fisiológica más de este cuerpo que otros creen bello y deseable y que yo siento a menudo muy cansado, deseoso de recostarse en otro cuerpo que me refugie y cuide. Dormir, sólo quisiera dormir cual bella (no soy bella) durmiente.
Vamos como en círculos, girando y cambiando de rol. Cuando yo estoy arriba vos caés en las aguas oscuras de la insensibilidad, haciéndome sufrir. Cuando yo trastabillo y me caigo es cuando más empeño ponés para que la rueda siga andando, robando terreno a la vida, llevándome hacia el sitio en que vos querés tenerme. Y me tuviste y te sentiste seguro, pero no confíes en mi llanto, mi llanto no perdona.
Mi llanto me arrastra como una corriente poderosa a evocar otros brazos que sé que me contendrán, a otros ojos, no tan bellos como los tuyos pero que me gritan calladamente, a otras manos que me conducen con firmeza y cuidado, aunque tal vez no me acaricien como las tuyas. Mi llanto me lleva y me hunde en remolinos de dudas, de reproches, de furias añejas al compararte con aquel que un día me lastimó y agredió hasta dejarme convertida en este despojo, insegura, frágil, desvastada.
Me prometí que nunca más me harían sufrir, nunca más. Tendré que sacarme el alma, destrozarla, partirla en miles de partículas para que nunca más vuelva a ser. Tendré que convertir en piedra mi corazón ingenuo y sediento de amor, para que nunca más vuelva a sentir. Tendré que vestir nuevamente mis ojos y mi boca con esas falsas sonrisas y esas falsas miradas que durante años me acompañaron y me disfrazaron tan bien. Tendré....

sábado, 16 de julio de 2011

ESCRIBO

Porque convalido mis convicciones y deseos.
Porque siento el placer único de la palabra.
Porque aprendo a buscar mi yo en las afueras.
Porque encuentro preguntas dando respuestas.
Porque comparto mi destino sin limitaciones.
Porque amo el don de ser diferente por un verso.
Porque presagio mi vida en la poesía.
Para que las ideas encerradas en mi cuerpo no lo rompan.
Para que el silencio sea cómplice de los recuerdos.
Para que la nostalgia me redima de la angustia.
Para que las lágrimas cicatricen en el papel.
Para que las heridas mueran en la inspiración.
Para que el músculo de la esperanza no se atrofie.
Para que el amor sublime el lenguaje.
Por la belleza que merece el intento de ser contada.
Por la memoria de mi piel y de mi alma.
Por la herencia que recibo de otros.
Por la pasión inevitable que me domina.
Por la sangre que diseña el camino.
Por la vida que late en todo cuanto miro.
Por el desahogo que derrama el mejor alivio.
Escribo porque estoy viva.
Escribo para no morir.
Escribo por el vuelo libre que es vivir.

de Laura Giudici

domingo, 10 de julio de 2011

Despiadada

Con qué ligereza decía "te quiero". Ella creía querer, pero cada despedida era menos dolorosa, era como cerrar una puerta, arrojar la llave y olvidarla para siempre.
Enseguida tenía una nueva presa en mente, a veces ya elegida, otras, incierta, más siempre estaba lista para saltar. Su corazón salvaje, jamás conquistado, pedía a gritos una nueva víctima.
Qué fácil hubiera sido dejarse querer... más no quería lastimarlo.
Podía herir, sin quererlo, ella lo sabía. No había maldad en ella, es más, un halo de inocencia todavía la rondaba, porque seguia siendo ingenua en muchas cosas.
Alguien le dijo una vez que se movía como una pantera, ella no se veía así.
Lo hubiera dado todo por ser sencilla, por poder dejarse amar sin ansiar sentir ese vértigo en la sangre, ese golpe en la parte baja del estómago, esa falta de aire que la aturdía cuando se creía enamorada.
Más... la rutina y el compromiso no eran para ella. Ya no. Ese tiempo había quedado atrás, muy lejano en su recuerdo, cuando todavía creía en el mirar, cuando todavía podía dejarse envolver por las bellas palabras susurradas a su oído. Era tarde ahora. Se había vuelto de cristal, transparente, sí, como siempre, más fría como el hielo. Sólo sus ojos acerados conservaban ese dejo de debilidad que se materializaba en lágrimas, que a nadie osaba mostrar.

LAURA

Mezcla de gitana y soñadora. El encuentro fue una catarata de palabras, de gestos, de ilusiones compartidas, de hablar ese mismo idioma, en el que usamos las mismas palabras (no existen palabras diferentes en este lenguaje) pero que nosotras podemos transportar a otra dimensión. Cualquier otro interlocutor o escucha puede pensar en nuestra locura. Y tal vez estaría en lo cierto. Nos transportamos a otra atmósfera, donde los personajes cobran vida, donde las ilusiones gobiernan y nos llevan de la mano hacia una cordura ajena, lejana, incomprensible para el resto de los mortales.
La mesa de café era nuestra isla, y nosotras, como dos náufragos, navegamos en aguas apasionadas, dejándonos llevar por las corrientes de palabras, de sensaciones, de urgencias. Esas mismas palabras que usábamos a diario, estructuradas y concretas, las que volcábamos en nuestros escritos de expedientes, allí eran bálsamos para el alma, conductores de sentimientos y sueños, que nos arrancan de nuestras rutinas y nos elevan a ese sitio donde nos sentimos intocables, libres al fin.
Cuántos sentimientos nos unieron en esa hora y media, durante la cual, a borbotones, respetando el turno, intentábamos contarnos todo, nutrirnos, alentarnos y conocernos. La misma pasión nos hermanaba y nos elevaba por encima de las mesas del café, de los libros, los tan amados libros que nos llevaron hasta allí, y que por la emoción del encuentro ni siquiera miramos, ya habría tiempo para ello. Sensaciones, profundas fueron parte del hallazgo. Era fuerte y extraño a la vez, sentir esa empatía con una extraña, porque era la primera vez que nos veíamos, pese a ello, no éramos extrañas, éramos dos almas casi gemelas, unidas por la pasión de la escritura, separadas por la vida cotidiana, los horarios, las responsabilidades. Físicamente diferentes, de alma par. El mismo cuidado a los libros, la misma devoción por las palabras, distintos estilos y ángeles que nos acompañaron hacia la meta, más… la misma pasión.
Y el después… fue un preludio de algo maravilloso, una sensación extraña en el cuerpo y en el alma, nuevas ganas, nueva energía para seguir atravesando el día, la semana, el mes y la vida.

9-7-11