viernes, 15 de mayo de 2015

CINCO RAZONES



Tengo como mínimo cinco razones para no quererte.
Cinco grandes razones que imponen una reja entre los dos.
Por entre sus finos barrotes se cuela el deseo. Puedo sentirlo ni bien te veo llegar y aún antes, cuando mis ojos se desvían constantemente hacia las puertas por las que espero divisarte. Se me agiganta el pecho y se me ríen los labios cuando te acercas a mí, con ese andar apurado, casi gracioso, cuando extiendes la mano que acariciará mi espalda por escasos minutos en un roce casual. Se me estremece la piel al contacto efímero de tus dedos y mis dedos buscan con ansias tocar tu cuello. La respiración se acelera y me tiembla el cuerpo, y finjo que es el frío para no delatarme.
Entre charlas intrascendentes intento captar tu atención, que sé que tengo. Entre confesiones y dudas busco acercarte a mí, sabiendo que tienes tanto miedo como yo.
El tiempo se hace corto y viene la distancia. Te busco entre la multitud, simulo no hacerlo pero mis ojos te siguen como si quisieran arrástrate hacia mi cuerpo, fundirte en mi piel y convertirnos en esa miel que fuimos años atrás.
Ansío tu boca como sé que tú deseas la mía mientras jugamos en esa danza de cuatro. Le escapo a tu mirada como tú escapas a la mía, porque tú sabes también que hay como mínimo cinco razones para no quererme.


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