sábado, 19 de diciembre de 2009

EL RINCON DE LA POESIA


Desde muy temprana edad empecé a escribir, a veces motivada por la euforia que da la juventud, otras, ahogada por la angustia del desamor adolescente. Mi alma parecía escapar de mi cuerpo en cada trazo, en cada lágrima derramada por ese amor imposible que me sumía en la depresión. Más tarde, otras fueron mis musas. En uno de mis viajes a Buenos Aires, en un subte, descubrí a un niño, o niña, no sé qué sexo tenía, dado que sus ropas y sus cabellos impedían adivinarlo, que, como otros tantos, pedía monedas. Él, o ella, inspiraron esta poesía.


CARITA GRIS


Mirando tu carita gris sólo puedo ver tristeza en tus ojos.
Tus ojos suplicantes implorando compasión.
Es desgarrador verte así, con tu pelo desgreñado cayendo sobre tus hombros,
Con tu sexo incierto, con tus manitos sucias pidiendo una moneda.
Y te la doy, y me siento peor.
Oculto mi cara para que no veas mis lágrimas
Y veo claramente tu futuro:
De niño de la calle pasarás a adolescente ladrón,
Y si no caés, serás bebedor marginal
O padre golpeador,
O cartonero,
Otro de tantos.
Tus destino mísero ya está marcado
Y qué impotencia se siente.
Los otros en el tren te ignoran:
La costumbre de verte a diario los ha vuelto insensibles.
Tal vez yo también me acostumbre
Y sólo deje caer mis lágrimas ante una película barata.
Carita gris, mirada triste
¿Qué puedo hacer yo?

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