viernes, 14 de octubre de 2011

LAS SEMILLAS DE PACARA O TIMBO


Hoy somos semilla. Como el timbó, florecimos en primavera y de los frutos emanará la tinta con que escribimos a diario nuestra historia, esa que comenzamos sin darnos cuenta tiempo atrás. Los ejemplares solitarios suelen ser tortuosos, más cuando crecen en asociación tienden a poseer un fuste recto, como la palabra y los pensamientos que nos guían.
Código que sólo nosotros entendemos, mágica comunión de almas impares buscándose en el entramado de la selva que habitamos.
Dos semillas en forma de corazón, una presenta una pequeña herida en su costado, la otra parece intacta, más sólo parece. El viento del invierno las arrancó de la copa, arrastrándolas, meciéndolas, acercándolas, alejándolas caprichosamente, hasta que la primavera con su brisa angelical y sus lluvias impertinentes, las unió.
De crecimiento lento, puede tardar años en alcanzar el cielo, más, si lo logra, la copa es ancha y poderosa, capaz de abrigar a los más indefensos amantes.

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